Inmersa en la vorágine del verso
las palabras me llegan en tropel,
remolino disperso;
y si no tengo a mano algún papel
para escribir lo que se me ha ocurrido
tan deprisa se van como han venido,
mezcladas en un loco carrusel.
Como los caballitos de la feria,
gira la inspiración:
Imagino la estrofa terminada,
no me puedo creer tanta fortuna...
y me embarga la histeria
si por cualquier razón
al quererla plasmar, ya está olvidada
y nada queda escrito,
a causa de una amnesia inoportuna,
tras el derroche de imaginación.
El poema emergente
que pudo ser lo más, lo nunca visto,
se pierde entre la gente,
y de mi afán desisto;
tarde o temprano ya vendrá el siguiente.

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