¡QUÉ VIDA TAN CANSADA!




Abro los ojos al día
y me arrastro hasta el sofá
sin ganas de hacer gran cosa,
sobrevivir y ya está.

Observo el tiempo que hace
mirando por el cristal,
¿Brilla el sol o está nublado?
A mí lo mismo me da,
pero si estuviera oscuro,
me deprimiría más.

Tengo que hacer ejercicio,
pero me siento incapaz;
lo primero, el desayuno;
eso sí que es esencial,
necesito cafeína
para poder funcionar,
y algo de grasa e hidratos
tampoco me vienen mal.

Creo que estoy preparada,
voy a limpiar con afán
los aseos, la despensa
y la sala principal,
y luego cocinaré
un arroz con azafrán.

Pero antes, un ratito,
me tengo que relajar,
haré una meditación
que me dé serenidad,
y después, si me apetece,
escucharé algo de jazz,
o me buscaré en la tele
algún buen documental…

¡Ay, qué vida tan cansada,
me voy de nuevo al sofá!

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