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LAS PERDONO.

 


En mi pequeño jardín

he plantado un limonero,

con cariño y con esmero

le doy cuidados sin fin.

Pero, al llegar el verano,

a mi arbolito lozano

han venido las hormigas,

enemigas.


Antes de decir amén

las flores le han devorado

y la tierra han perforado

quitándole su sostén.

Menudo daño le han hecho,

me lo han dejado maltrecho,

¡Mal porvenir les auguro,

sin futuro!


Aún no tengo decidido

si indultaré a las culpables:

¡por sus actos deleznables

los limones he perdido!

Me debato ante la duda,

¡no es disyuntiva menuda!

Pero después reflexiono...

¡Las perdono!




ESCRIBIENDO (Parrandillas)


 Si la inspiración me llega

no lo pienso demasiado

y escribo de muy buen grado

porque rimar me sosiega.

Me enfrento a la ardua tarea

y desarrollo la idea,

aporreando el teclado

sin cuidado.


Como escribir me fascina,

y me deja concentrada,

ya no me acuerdo de nada;

me olvido de la cocina,

de tender la lavadora

o pasar la aspiradora,

y si tengo que almorzar

voy al bar.


Las horas pasan volando,

compongo sin dilación,

aprovecho la ocasión

y sigo versos juntando.

Pero luego, de repente

se acaba completamente

de manera misteriosa,

y a otra cosa.





UNA VOZ MÁGICA

Ella canta en la mañana

asomada a su balcón

con júbilo e ilusión.

En la plaza una fontana

con su agua cristalina

se une a la voz argentina:

Es música encantadora

que enamora.


Los que pasan quedan presos

y se sienten admirados,

escuchando ensimismados

dicen: ¿Qué acordes son esos

que llegan a mis oídos

y traspasan mis sentidos?

Hacen sentir paz y calma

en el alma.


La chiquilla canta y canta

inocente ante el hechizo;

bajo el balcón un macizo

de jazmines se levanta

y un aroma disemina

que de alegría trasmina.

La vida se antoja plena

y sin pena.


Cuando la voz enmudece

muere el aroma a jazmines;

de los alegres jardines,

la magia desaparece.

El murmullo de la fuente

es un ruido simplemente.

Todos siguen su camino

anodino.