Al club de los quejicas de la vida
no sé si perteneces...
Si te apuntas, te doy la bienvenida.
¿Solo tienes problemas y disgustos?
¿Alegría en contadas ocasiones?
Pues vamos a vaciarnos:
Háblanos de las penas que padeces,
percances, aflicción y depresiones.
Pero antes, dibuja una sonrisa,
sosegado y tranquilo, que no hay prisa.
Desarruga la frente.
Sé atrevido. Improvisa.
Pero debo advertir, para ser justos,
-pues lo debes saber-, que, tras quejarnos,
nada será ni mejor ni diferente.
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