Atraviesa la bruma de coral
una gruesa pared, el aguacero
inunda la mañana y la derrumba.
Paraguas por la calle sin futuro
que alargan las siluetas hacia el cielo.
Los fantasmas humanos y divinos
marchan ajenos, dentro de sus pieles;
un trueno que retumba en el azul
rompe el silencio álgido del día.
Hormigas negras desde mi atalaya
serpean como ánimas dolientes.