Me quejo desde el comienzo,
ya le he cogido el gustillo
y no paro,
porque la vida es un lienzo
pintado con carboncillo,
está claro.
O más que claro está oscuro,
que hasta el cielo se ha tornado
gris, sombrío,
y presiento que el futuro
va a ser también desdichado,
crudo y frío.
"Quien canta su mal espanta"
dice un refrán muy sesudo,
pues os digo
que destrocé mi garganta
y deshacer este nudo
no consigo.
Se van pasando los días
entre quejas y consuelos
lentamente,
mientras hago poesías
o me tiro de los pelos
de repente.
Así que aquí seguiré
poniendo el grito en el cielo
por inercia,
y versos escribiré
sonándome en un pañuelo
si se tercia.
De quejarme a troche y moche
nunca he sacado provecho
que yo sepa.
De la mañana a la noche
nada me sale derecho
¡vaya plepa!
Y aunque me sigo quejando
—porque ante mi cruel destino
me rebelo—,
los hados se van mofando
al ver tanto desatino
sin consuelo.
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